
La fase inicial de infección
primaria es siempre asintomática y se identifica durante la realización de radiografías
de rutina o por otras causas. El periodo de incubación no es claro, pudiendo
ser de pocos meses a varios años; en muchas ocasiones la enfermedad es
adquirida en la edad pediátrica pero sólo se diagnostica durante la tercera o
cuarta década de vida.
Los síntomas aparecen cuando el
quiste ejerce efecto de masa sobre las estructuras subyacentes, o cuando hay
ruptura o sobreinfección bacteriana de los mismos, hechos que generan una gran
variedad de síndromes clínicos, dependiendo del órgano comprometido. Durante el
crecimiento del quiste, pequeñas cantidades de su contenido pueden pasar a la
circulación sistémica sensibilizando al paciente y cuando eventualmente se dan
rupturas espontáneas, o como consecuencia de un acto quirúrgico, se pueden
presentar reacciones alérgicas severas con choque anafiláctico y muerte. La
eosinofilia está presente en el 20% al 40% de los casos y suele asociarse a
rupturas recientes.
En cuanto a la presentación
clínica, esta depende del agente etiológico. La hidatidosis unilocular (E.
granulosus) se presenta generalmente con un quiste único limitado por tres membranas
y su mortalidad es menor del 5%; la forma alveolar (E. multilocularis) es más grave,
no tiene membranas limitantes y su mortalidad puede alcanzar del 75% al 100%;
finalmente la forma poliquística (E. vogeli), se presenta con la formación de
varios quistes, sobre todo a nivel hepático y tiene una mortalidad reportada
hasta del 75%.
Si bien el compromiso pleural
puede ser secundario a la diseminación hematógena del contenido quístico desde
un foco distante, es más frecuente que la se deba a la ruptura de quistes intrapulmonares,
intrahepáticos o mediastínicos. El gradiente de presión entre las cavidades
pleural y abdominal favorece la dirección del quiste hepático hacia el tórax y
la compresión e isquemia del diafragma, secundaria a la inflamación alrededor
del quiste, junto con la acción química de la bilis en el diafragma, en el
pulmón y en la pleura, favorecen igualmente el drenaje hacia esta cavidad.
Como después de una ruptura alrededor
del 90% de los quistes pierden su fertilidad, la hidatidosis pleural es rara y
solamente ocurre en menos del 10% de los episodios.Cuando un quiste hidatídico
se rompe dentro del espacio pleural el paciente inicia de inmediato el cuadro
agudo de la enfermedad, con dolor torácico, disnea y ocasionalmente entra en
choque. En alrededor del 50% de los pacientes, la ruptura ocurre simultáneamente
dentro del espacio pleural y dentro del árbol traqueobronquial. Frecuentemente los
eosinófilos están presentes en el líquido pleural, a menos que se infecte
secundariamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario